
El presente escrito tiene el propósito de aludir a una posible atmosfera espiritual gótico de la novela La mansión de la Araucaima del escritor colombiano Álvaro Mutis.
En la novela percibimos elementos góticos con un aspecto especial, éste es lo tropical. Es decir, una mirada gótica en tierra caliente. ¿Acaso solo se puede escribir lo gótico desde el clima gélido? Veremos que no necesariamente debe ser así.
En primer lugar, haremos alusión a algunos elementos góticos tropicales en la novela, y cómo ellos nos permitirán una aproximación en un ambiente templado. En segundo lugar los personajes nos darán pistas de esos elementos góticos, y por último daremos unas apreciaciones de esa atmósfera espiritual gótico en la novela.
En la lectura de la novela, los elementos góticos los apreciamos en la mansión, el cronotopos de ésta es diferente al resto de las casas aledañas. Tiene un ambiente fuera de lo común respecto al lugar en el cual está situado. Veámoslo:
El edificio no parecía ofrecer mayor diferencia con las demás haciendas de beneficio cafetero de la región. Pero mirándolo con mayor detenimiento se advertía que era bastante más grande, de más amplias proporciones, de una injustificada y gratuita vastedad que producía un cierto miedo. (Mutis, 1973, p. 31)
La descripción de la mansión evoca ya una disimetría respecto a las demás edificaciones cercanas a ella. Sus ‘amplias proporciones… producía un cierto miedo’ permite entrever un aspecto gótico, es decir, la mansión inspira misterio dada la poca afluencia de personas, y la llegada de los habitantes en ella. Además, de contar con un extenso terreno fuera de lo común, genera un distanciamiento de las otras edificaciones más cercanas.
La mansión es un personaje más en la novela, su presencia en ésta fundamenta lo exótico, tiene algo inusual, alejado de un ‘aquí y un ahora’ entendiendo éste dentro del tiempo presente, actual. De ahí que Mutis ponga la mansión en un clima tropical rodeado de gran naturaleza.
La mansión se levantaba en la confluencia de dos ríos torrentosos que cruzaban el valle sembrado de naranjos, limoneros y cafetos. La cordillera alta, de un azul vegetal profundo, mantenía el valle en sombras en una secreta intimidad vigilada por los grandes árboles de copa rala y profusa floración de un color púrpura, que nunca se ausentaba de la coronada cabeza que daban sombras a los cafetales. (Mutis, 1973, p. 33)
La extensión de la mansión y sus alrededores denotan un paisaje enigmático, en la que hay misterios, podríamos verlo desde la perspectiva de estar habitada por seis personas, por un sino de la existencia llega una muchacha e ingresa al parecer por una desliz del guardián. Se sugiere que ella será un elemento que irrumpe en la armonía de la cual goza la mansión. La llegada de Ángela será otro aspecto a tener en cuenta dentro del gótico tropical, dado que se verá reflejado el patetismo en casi todos los habitantes de la morada. Habrá un ritual en varios momentos de la narración, y algunas premoniciones. Éstas hacen parte de lo gótico, ya que muestran los posibles sucesos que harán desencadenar el mal en la mansión. Con la característica de llevarse a cabo en clima cálido.
En el segundo apartado veremos cómo los personajes de la novela tienen un rol importante donde todos serán protagonistas, lo podemos ver no sólo en las descripciones que hace Mutis de cada uno, sino que también en el conflicto, en el cual todos participaran directa o indirectamente en el suicidio de la Muchacha.
Miraremos de manera sucinta los personajes y cómo en ellos se manifiestan o existe lo gótico tropical, sin olvidar su erotismo dentro de la novela. Éste también genera un tema esencial en la obra.
El guardián (Paul) quien representa el mando y tiene la potestad del uso de las herramientas y demás utensilios dentro de la mansión. Además, le falta una extremidad superior ‘el brazo’, el cual genera burla y ternura al mismo tiempo cuando él lava su ropa. Adolecer de una parte del cuerpo, podría ser un elemento gótico, en tanto que remite al lector a ver un patetismo por ser un soldado o mercenario sin un propósito en su existencia, debido a su pérdida del brazo, es decir, ya no tiene el mismo valor como lo fue en sus días de militante. Aun así, imponía orden y respeto; “De su brazo ausente, de cierta manera rígida de volver a mirar cuando se le hablaba y del timbre de su voz emanaban una autoridad y una fuerza indiscutibles.” (Mutis, 1973, p. 12) Podemos observar el talante de imposición del personaje en la novela,
Adolecer de una parte del cuerpo, podría ser un elemento gótico, en tanto que remite al lector a ver un patetismo por ser un soldado o mercenario sin un propósito en su existencia, debido a su pérdida del brazo…
Don Graciliano, el dueño, representa la figura del orden, en otras palabras; impone unas reglas claves y fundamentales para generar una armonía en la mansión.
«El silencio es como el dolor, propicia la meditación, mueve al orden y prolonga los deseos»
«Defeca con ternura, ese tiempo no cuenta y al sumarlo edificas la eternidad»
«Mirar es un pecado de tres caras, como los espejos de las rameras. En una aparece la verdad, en otra la duda y en la tercera la certidumbre de haber errado»
«Si entras en esta casa no salgas. Si sales de esta casa no vuelvas. Si pasas por esta casa no pienses. Si moras en esta casa no plantes plegarias.» (Mutis, 1973, p. 14)
Estas máximas tienen en trasfondo reflexivo y certero hacia los habitantes de la mansión. La primera sentencia tiene un símil entre dos nociones que mueven las fibras internas del ser humano. Podríamos plantear que ello posibilita la reflexión del pasado, presente y futuro respecto a nuestros más íntimos deseos.
Observamos un ambiente de enigma y misterio en las sentencias de Don Graci, y remite a la pregunta ¿Acaso la sentencia de ingresar sin salir, y de irse sin volver… tiene en el fondo un statu quo dentro de la mansión?
Otro aspecto a tener en cuenta de este personaje, son las abluciones. Éstas, al parecer, tienen un sentido de purificación. Ellas significan un ritual para el dueño de la mansión.
El piloto (Camilo) un ser quien pasa muy desapercibido por la mansión, pero afligido por no poder volver a realizar viajes en su época de piloto en una gran empresa de aviación. Se podría ver como una persona ensimismada.
Su patetismo se percibe al tomar una desición que marcaría su destino en la mansión, es decir, un conflicto interno de su situación en aquel lugar enigmático, y la presencia de la muchacha harán de él y sus sentimientos un ser que tome la existencia de la Machiche.
La Machiche es un ser enigmático y avasallador. Dentro de la mansión cumple un rol importante, podríamos decir que es la reina del enjambre. Ella representa lo eróticos, mueves las fibras de la epidermis de los habitantes de la morada. Incluso al dueño, quien la convida a sus abluciones; no es casualidad su presencia, dado que le da una atmosfera de tensión y desfogue para los hombres de la casa.
Hembra terrible y mansa la Machiche, así llamada por no se supo nunca qué habilidades eróticas explotadas en sus años de plenitud. Vivía en el fondo de la mansión y su gran cabellera oscura, en la que brillaban ya algunas canas, anunciaba su presencia en los corredores, antes de que irrumpiera la ofrecida abundancia de sus carnes. (Mutis, 1973, p. 18)
Percibimos lo gótico con la Machiche al tener ella la disimetría de una sociedad moralista. Su desbordada sensualidad le permite mover los hilos de la mansión; sabe cómo direccionar sus intenciones hacia los demás, sin perjuicios.
Lo onírico en ella puede tener una simbología de un deja vu, en otras palabras, realizar un trabajo dispendioso, cortar y tener limpio el lugar de «las hierbas y líquenes» que aparecerán indefinidamente.
Entró a una gran casa de salud. Una moderna clínica que se levantaba a orillas de una transparente laguna de aguas tranquilas. Cruzó la puerta principal y se internó por anchos y silenciosos corredores pintados de un color crema mate e iluminados por una luz tamizada y suave que emitía un leve zumbido. (Mutis, 1973, p. 19)
La ‘moderna clínica’ tiene elementos góticos, ésta no se sitúa en un cronotopos común. O sea, está fuera del tiempo y lugar establecidos; el trabajo asignado a la Machiche remite a un suceso extraño y absurdo en sí mismo.
El fraile tiene sería o es el elemento místico dentro la mansión. Su presencia nos remite a lo sacro, un elemento gótico en la novela. En el sueño del fraile, las premoniciones de una fe y creencia lo hacen recorrer distitnas puertas, éstas podrían vislumbar en el fondo de su ser, los deseos desenfrenados de la carne, el cual intenta amilanar a través de las plegarias y el auto flagelo con el propósito de alivianar su alma atormentada.
La muchacha (Ángela) representa la inocencia desde una mirada de la inexperiencia y la búsqueda del interior de su ser. Tenía el prototipo de esa belleza jovial, exótico y arrollador. Ella desconocía eso en sí misma. Al ingresar a la mansión, irrumpe con la tranquilidad de ésta, su presencia marcará lo profano en la casona, sin advertirlo, Ángela será la Eva, engañada por la Machiche. La primera tiene la jovialidad, su existencia apenas empieza a transitar en los deseos y el erotismo; la segunda, sería como las bifurcaciones, conoce y sabe desplazarse en el mundo o universo erótico. La sensualidad es inherente a ella, es su arma más letal.
En el sueño de la muchacha aparecen también elementos góticos, veámoslo “Entraba a una iglesia abandonada cuyas amplias y sonoras naves recorría velozmente en la bicicleta. Se detuvo frente a un altar con las luces encendidas. La figura del dueño, vestido con amplias ropas femeninas de virgen bizantina” (Mutis, 1973, p. 28). La descripción de la iglesia, la nave, el altar, la figura del dueño vestido con una virgen del medioevo, evoca lo gótico, lo sagrado, esos aspectos de lo onírico son inusuales, paradisiacos y extraños, están fuera lo de común.
El sirviente (Cristóbal), este personaje representa el vasallaje, pero al mismo tiempo lo enigmático porque posee un conocimiento ancestral. Su origen haitiano lleva consigo un legado epistemológico de la brujería, sobre todo, en los ritos. Éstos hacen parte de lo gótico, al estar fuera de las convenciones de la religiosidad y lo sacro. Como podemos apreciarlo en el fragmento:
Los Jueves de Corpus, Cristóbal preparaba un exquisito y condimentado caldo de gallina y las mejores presas iban siempre a los platos del piloto y la Machiche. Cuando servía ese día a la mesa, el negro recitaba una larga salmodia de la cual se conservan algunos apartes. Decía, por ejemplo:
Alabá bembá
en nombre del Orocuá
la gallina se coció.
Para el que quiera gozá
Cristóbal la cocinó…
porque el negro la mató.” (Mutis, 1973, p. 30-1)
El ritual realizado los jueves nos posibilita pensar que es un elemento gótico, al ser éste una manera de reivindicar una renovación de armonía en la mansión. La ‘salmodia’ recitada por Cristóbal es una alabanza a algún dios de su tradición posiblemente africana.
Por último, daremos unas apreciaciones de esa atmósfera espiritual gótico en la novela.
El recorrido sucinto de una aproximación de elementos góticos en La mansión de la Araucaima nos da una idea de cómo Mutis hace de un concepto euro centrista, algo más latinoamericano. Llevado a lo tropical, se desliga de ese imaginario en el cual solo es viable lo gótico desde fenómenos ‘metafísicos’ irreales, con personajes de características nostálgicas, oscuras; éstos poseen poderes sobrenaturales.
Los personajes de la mansión son seres sin poder alguno, pero con pasados turbios, cada uno lleva un peso de su existencia. Lo gótico en la novela sale a relucir con los rituales, las abluciones, el patetismo de cada ser de la casona. Lo tropical forja más ese ambiente de erotismo junto a la noción gótica; dos elementos fundamentales en la novela, se concatenan para dar forma a siete protagonistas que en parte tienen maldad.
La maldad, en términos freudianos, aflora el Ello de los personajes de la mansión, de ahí que la psicología de los siete habitantes de la casa manifieste sus deseos más recónditos, sobre todo con la intrusa (Ángela) quien será el detonante de aquellos.
Sumado a lo anterior, Mutis expresa en una entrevista lo que podría ser la base de la novela de la cual hemos aludido.
Para mí el mal existe en todas partes y en la novela gótica lo que se propone es el tránsito de los personajes por el mal absoluto. Esto puede suceder en cualquier parte… esta Mansión es un lugar donde reside el mal, es el reino del mal. Sus paredes no se usan, no se gastan, el tiempo no pasa por allí (Ramón Cote Baraibar Esperanza López parada, 2023, párr 17).
En la novela, la mansión vive su existencia en un eterno presente desde la perspectiva de los personajes, a pesar de ser vetusta, conserva su esencia, afirmaríamos que ella se alimenta de la maldad de sus residentes. En ese sentido converge otro elemento gótico.
