La construcción del sujeto en la poética de José Manuel Arango

JOSÉ MANUEL ARANGO
POESÍA EN VOZ BAJA

En la obra de José Manuel Arango la naturaleza, caracterizada como sagrada, es un elemento primordial en el encuentro y en la permanencia del espíritu mítico; se descubre ligada como eje fundamental en su rodar poético. Espacios, actos e imágenes sobre la naturaleza, presentes en la poética del carmelitano, son en gran parte agradecimiento hacia la vida. Puesto en otros términos, es un poeta que ofrece lo mejor de sí con la palabra poética, el silencio y la cultura del espíritu. Para él la naturaleza es un espacio sagrado, puro y armonioso, un punto de partida y de llegada al ser.

Desde su infancia hasta su etapa de madurez estuvo rodeado por la naturaleza, primero en El Carmen de Viboral, luego en Tunja y, por último, en Copacabana, lugar en medio de las montañas de Medellín. Estos espacios armonizaron su vida poética e hicieron de él un árbol de la vida, con raíces traídas de los primeros tiempos del ser y cuyos frutos ahora tenemos a mano. Desde estos espacios naturales fabricó su poesía y desde allí se acercó a las primeras esencias: el silencio, la soledad, el rito, el espíritu, el interior de sí que encontramos en los poemarios Este lugar de la noche (1973) y Signos (1978).

Las filiaciones de Arango con otros autores se vuelven importantes en la formación de su poética, pues a través de los diálogos con esas obras va logrando constituir la suya propia. Por lo tanto, no se pueden dejar de rastrear otras creaciones que leyó, en especial las que conducen a la naturaleza, al silencio y al espíritu mítico. Entre otras, la obra del maestro Fernando González, la poesía del chino Han Shang, la poética de William Carlos Williams y la poesía de Emily Dickinson.

A partir de sus contextos naturales e intelectuales nace en Arango la inquietud por la creación del lenguaje poético; la urgencia de recuperar en el idioma un sentido profundo, puro y transparente. Con esta manifestación lírica entra en tensión con las convenciones que lo rodean, como la religión católica, aspectos culturales y sociales, transgrediendo sutil y poéticamente. Con su poesía devuelve a la lengua el misticismo, lo sagrado, lo meditativo: “la antigua lengua armoniosa más clara, más cercana de las tortugas y el fuego” (Arango, Este lugar de la noche en Poesía completa, 38).

En Este lugar de la noche y en Signos, las representaciones del sí mismo del poeta son reflexiones extraídas de un trabajo de conciencia y autoconciencia. Su poesía, más allá de representar formas materiales y circunstancias vanas, expresa meditaciones de la libertad del ser, expresiones de culturas antiguas, profundas y primarias, tales como la mitología, el rito, los dioses, la muerte; expresadas junto con palabras como lo remoto, lo antiguo, el origen, que indican una fuerte representación, búsqueda y valor de las primeras manifestaciones del ser humano.

En estas obras mencionadas cientos de referencias remiten a la vida y a la reflexión en busca de sí mismo y aluden al origen mítico del mundo, como el importante personaje Bachué, la diosa del agua: “[…] Bachué, señora del agua, enséñame a tocar / la fina pelusa bermeja del zapote […]”; o a la creación conceptual primera de los dioses: el politeísmo, que se presenta en varios de sus poemas, “olvidados dioses hablan”, cumpliendo la función de recordar nuestras primeras culturas y valorando los elementos naturales del mundo.

Sus obras representan un pensamiento libre, revelado en la noche, en los sueños, en los ritos, en la naturaleza, con lo cual logra salir de las sujeciones establecidas y de la industria económica y capitalista. Estas acciones viven en su entorno, pero el carmelitano está lejos de entrar en esas dinámicas.

Inconforme con las pretensiones del ser humano, que por el capitalismo, la violencia y la misma industria construyen una sociedad cuyas normas se dirigen al desarrollo materialista que oculta al ser interior, Arango reflexiona acerca del proceder de los seres humanos que, en su mayoría sujetos a las normas del poder, se han creído dueños del mundo y pasan por encima de lo primario y sagrado del hombre: la naturaleza. Esto se puede evidenciar en el poema “Hay gentes que llegan pisando duro” del libro Montañas.

Su principio es acercarse al espíritu sagrado que respeta lo natural de la vida. Ciertamente no busca dogmas sino preguntas, no va en busca de verdades sino de la intimidad del ser. Las tensiones de Arango son preocupación y resistencia a la vez, trabajadas en su poesía de una manera discreta y armoniosa.

La poesía de José Manuel se aleja de la tradición formal, suprime la rima y la métrica e incluso, en un hecho sutil y sencillo que se puede evidenciar en sus dos primeras obras, deja de usar la mayúscula en el comienzo de los poemas y de las estrofas, porque la importancia de su poesía es la meditación librada a su propio curso en libertad. No se desborda en un torrente de palabras que agreden y violentan los sentidos. La meditación lo lleva a un estado de tranquilidad consigo mismo; a la poesía en voz baja, como la llamaría.

Sus poemas, cortos instantes, son pinceladas de un esfuerzo y una dedicación tanto del pensamiento, la sensación y la meditación, que da a luz la dimensión de sí mismo como obra de sí, de su propia originalidad; sin perder el rumbo de lo primario del mundo: la naturaleza; ni del ser: el espíritu.